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En su lado meridional, un pozo de forma cuadrada aún visible y que quedó integrado en el pavimento, constituía lo que los romanos conocen como mundus, una oquedad fundacional que centralizaba los ritos previos a la construcción y en donde podían incluso depositarse ofrendas y objetos. Lo primero que los romanos hacían al fundar una ciudad era excavar un pozo llamado mundus en el que introducían tierra procedente de los lugares del orbe (de ahí su nombre) de donde eran originarios sus fundadores.
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