Fuego y barro: los hornos romanos del Alfar de Cartuja en Granada

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Hace dos mil años, en la actual colina de Cartuja de Granada, el paisaje debía de ser muy diferente. Hornos encendidos, barro, humo y artesanos trabajando formaban parte de uno de los grandes centros alfareros de la Granada romana.

Entre los siglos I y II d. C. se fabricaron aquí vajillas, cerámicas de uso cotidiano y materiales para la construcción. Las excavaciones han sacado a la luz diez hornos en el sector principal y otros cuatro en zonas próximas, además de espacios donde se preparaba la arcilla y se acumulaban los restos de producción. Todo indica que no se trataba de un pequeño taller, sino de una actividad artesanal de considerable importancia.

Vista general del Alfar romano de Cartuja en Granada, con estructuras de hornos y zona de producción
Vista general del Alfar romano de Cartuja en Granada, con estructuras de hornos y zona de producción

Además de los diez hornos principales, se han hallado otros cuatro en zonas cercanas del campus, lo que sugiere una expansión del alfar y una continuidad en el uso del espacio durante décadas.

El Horno 7, el gigante del alfar

Con unos 5 metros de largo por 6 de ancho, el Horno 7 era el gigante del complejo. En su interior, una serie de muretes y arcos sostenían la superficie sobre la que se colocaban las piezas, mientras el fuego circulaba por debajo repartiendo el calor.

Por su tamaño y su forma, los arqueólogos lo han comparado con el célebre Grand Four de La Graufesenque, en la actual Francia, uno de los grandes centros de producción cerámica del Imperio romano. Esa comparación ayuda a entender la escala y la importancia que pudo alcanzar el alfar de Cartuja.

Su tamaño nos da una idea de la capacidad productiva de estos talleres: cada cocción podía reunir una cantidad considerable de piezas y exigía controlar cuidadosamente el fuego durante horas.

Los hornos presentan variaciones en tamaño, número de arcos y tipo de suspensura. Esta diversidad sugiere una adaptación funcional a distintos tipos de producción cerámica.

Los hornos del Alfar de Cartuja empleaban parrillas sostenidas por arcos para distribuir el calor de forma homogénea. Los hornos podían superar los 900 °C. Conseguir y mantener esas temperaturas sin termómetros ni controles modernos exigía un enorme conocimiento del fuego, del combustible y del comportamiento de la arcilla.

Los hornos de Cartuja producían vajilla fina, cerámica de uso cotidiano y materiales de construcción. Entre sus piezas destaca la terra sigillata hispánica, una vajilla romana de color rojizo, superficie brillante y, con frecuencia, decorada con relieves.

La aparición de moldes utilizados para fabricar este tipo de cerámica demuestra que en el alfar no solo se producían recipientes sencillos: también se elaboraban piezas más cuidadas, destinadas a circular y venderse más allá del propio taller. Esto nos habla de una producción organizada y de cierta importancia dentro del comercio regional.

Las primeras excavaciones se realizaron en los años 60, pero los trabajos se han retomado desde 2009 como parte de las prácticas del Máster de Arqueología de la Universidad de Granada. 

Las reconstrucciones que acompañan este artículo permiten dar un paso más: pasar de los restos conservados a imaginar cómo funcionaba realmente un alfar romano. A partir de la documentación arqueológica y de la geometría registrada mediante fotogrametría, BALAWAT ha reconstruido los hornos y los espacios de trabajo para devolverles su volumen y hacer más comprensible un lugar que hace dos mil años estuvo lleno de fuego, barro y actividad. 

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